Es difícil describir el partidazo en el Olímpico.
Hubo tantas partes en esta historia que no sé por dónde comenzar.
Es un marcador de 4-3 que casi no se da en el fútbol y más con la brillantez, el espectáculo y el buen sabor que deja esta clase de partidos.
En el primer tiempo, solo hubo un equipo: Motagua.
Fue un equipo que se plantó en el Olímpico sin complejos y que deleitó nuestras retinas.
El Marathón no se encontró en la cancha. No recuperaba, ni creaba. Sencillamente, se estaba desapareciendo porque era Motagua que movía los hilos. Que tejía su propia táctica con los mejores argumentos.
Era el campeón, pero parecía el equipo más perdedor, el club sin historia, el que nadie recuerda su nombre, el que no tiene figuras.
Hace mucho que no mirábamos a un Motagua que viaja a la ciudad industrial a hacer grandes negocios.
Anoche hizo uno bien grande aunque en el segundo tiempo, se puso en neutral y le dio la iniciativa al Marathón. Ya ese segundo tiempo, sí fue el Monstruo que estamos acostumbrados a ver.
Un ciclón peligroso
Sergio Mendoza debutó ayer con el Motagua como lateral derecho. La defensa no tuvo mayores problemas pues Pery Martínez tuvo solo una y la desperdició mandándola al cielo.
Al minuto 11, un jugador que está en boca de todos apareció abriendo el marcador.
Georgie Welcome aprovecha un error defensivo para irse al área con el balón, y ante la marca de Erick Norales, se da vuelta para rematar de derecha y derrotar al portero Adalid Puerto.
A los 37, Emilio Izaguirre marcó el segundo luego de otro fatal error en la zaga.
Y tres minutos después, se calcó la historia.
Norales se miró lento y dormido, esperando que llegara Puerto al balón, pero el brasileño Cabrita punteó el esférico y gol de Motagua.
Iniciando el segundo tiempo, el árbitro Pineda marcó un penal por dudoso empujón de Mendoza sobre el Pery. El Pando Ramírez puso el 1-3.
Nadie se imaginaba que el partido se pondría más caliente. Más apasionante y hasta dramático.
Al minuto 75, el joven Milton Palacios estaba debutando con la casaca Verde.
Este chico rápidamente tuvo el balón en sus pies y la mandó al fondo de la meta de Morales dándole vida al cuadro sampedrano.
La reacción era impresionante. La revolución fue completa cuando Will Mejía empataba el encuentro con un derechazo cruzado.
Las cámaras se fueron con Maradiaga que no podía creerlo. Su disgusto era evidente. Y cuando todos apostaban por el empate, vino un centro al área, Astor no la domina bien, la suelta y el chico motagüense de 20 años, el debutante escribía mejor esta historia al darle el triunfo en el último suspiro.
Nadie pudo salir enojado, este partido es para quedar con una sonrisa y querer nuestra liga.
Fuente: Diario El Heraldo
